viernes, septiembre 23, 2005

Carta al director


En estos tiempos que corren, cualquiera habría pensado que con todos los adelantos comunicacionales propios de la globalización, un mensaje transmitido a través de una simple carta no podría causar un efecto mayor que el mismo mensaje difundido por cualquier otro medio comunicacional. Pues quizá esto no escapa mucho de la realidad, aunque en ocasiones hay notables excepciones.

Una carta es un elemento muy simple de hacer y de enviar. Una carta puede tener diversas connotaciones; puede ser una romántica carta de amor (quién no ha escrito una de aquellas no), puede ser una misteriosa y aterradora carta anónima o básicamente un memorandum para recordarle a uno que tiene que hacer bien el trabajo.

El poder de causar un efecto lo tiene una carta a partir de quien la firma y de cómo se manifiesta el mensaje a través del lenguaje escrito. Pues bien, una misiva que hoy es firmada por un Presidente de la República, no es cualquier cosa. Es como mínimo un llamado de atención, un llamado de alerta sobre algo que ocurrió o que ocurrirá, sea este para bien o para mal.

Que un presidente de la república envíe una carta a un señor que dirige el diario más influyente en un país, para entre otras cosas, decirle que dejen en paz a sus parientes involucrados en uno que otro negocio de empresas del gobierno, me parece preocupante. Y me parece preocupante no en el sentido que por ser el presidente no pueda realizar esa acción, creo que está en todo su derecho, sino que en el sentido de lo que realmente dice la carta.

Acaso por ser alguien pariente del presidente de la república ¿está fuera de la sana jurisdicción fiscalizadora de los medios de comunicación? Sinceramente no creo que esto deba de ser así.

Lo que pide un presidente con una carta así, es que a estas personas, por el solo hecho de ser sus familiares, no se les investigue en negocios efectuados con empresas que tienen que ver directamente con el gobierno.

Que a estos señores se les investigue más que a cualquier otro ciudadano que pueda efectuar un contrato con una empresa estatal, me parece de lo más lógico. Obviamente que si un cuñado del presidente de la república se gana una licitación pública en una empresa estatal, será blanco de investigación, porque por tener ya estas características, se ve fraudulento (aunque quiero dejar en claro que con esto no quiero decir que lo sea).

Si yo soy dueño de la lotería y mi hermano se gana los premios, obviamente esto se ve oscuro, es tan simple como eso.

Me parece excesiva la reacción del Presidente Lagos por lo publicado por el diario El Mercurio el viernes 16 de septiembre. No considero que la carta enviada por él a Agustín Edwards sea una presión, un señor con el poder de Edwards no creo que se sienta temeroso con esto. Voy al hecho de que con esto el presidente pide implícitamente un trato especial a sus familiares, y eso es lo que reprocho. Además que no le pida al El Mercurio que le de un espaldarazo al gobierno, si todos sabemos a que sector representa este medio. Que la concertación haya destruido el último medio que le quedaba al gobierno no es culpa del diario El Mercurio, eso responde a otras causas que no vale la pena mencionar ahora.




Bueno, todo esto lo digo con un solo fin, dimensionar todo el poder que aún tiene una carta en estos días, sobre todo si esta viene con el nombre y la firma del Presidente de la República de Chile, pero de cualquiera, de Ricardo Lagos, por todo lo que ello conlleva.