lunes, septiembre 26, 2005

De corsarios y tesoros

Un tanto moderna es la historia de corsarios y tesoros que por estos días se desarrolla en torno al supuesto tesoro que los navegantes ingleses habrían dejado alrededor en el siglo XVI en la isla Juan Fernández. Moderna digo, porque ya no implica a míticos piratas y corsarios surcando los mares en busca de riquezas o enfrentándose a algún barco para tomarlo por asalto y hundirlo en alta mar.

Hoy los buscadores dejaron ya de lado los mapas y las espadas, cambiándolas por modernos equipos tecnológicos, como el propio geo ecógrafo, artefacto al que se le atribuye haber encontrado el botín de oro abandonado en Juan Fernández (no es primera vez que este “robotito” hace noticia, ya que es el mismo que encontró las osamentas del empresario Luis Francisco Jurazseck y el arsenal de Colonia Dignidad) y que es propiedad de la empresa Wagner Tecnologías.

Más allá de ello, me llama la atención las características que este tesoro supuestamente tendría. Se estaría ya considerando un botín que pesaría cerca de 800 toneladas de piezas y lingotes de oro y joyas. Este tesoro habría sido robado al imperio inca por los españoles y fue adquirido posteriormente por corsarios ingleses, quienes finalmente lo enterraron en la isla hace más de 400 años.

Su valor arqueológico es fascinante, porque se cree -y si la leyenda de la isla es cierta- contendría diversas joyas famosísimas y que hoy están desaparecidas, como la rosa de los vientos y el collar que utilizaba la mujer del emperador inca, Atahualpa.

Sin duda un gran valor por donde se mire el de este tesoro, es por eso que hoy se puede centrar también la atención en la interrogante ¿quién se queda con el botín?, corresponde acaso a quien lo encuentra, no lo creo. Para mí, es un aporte de incalculable valor (no solo monetario) histórico, un patrimonio de la humanidad y de la cultura misma de este lado del mundo.