viernes, octubre 28, 2005

Sensacionalmente periodistas

Días atrás, tuve la oportunidad de ver con calma en televisión, uno de los informativos nocturnos que acostumbro sintonizar con frecuencia (en realidad trato de verlos todos, aunque tengo mi preferido). En dicho programa, y a propósito de todas las calamidades que ocasionó el paso del Huracán Wilma en Estados Unidos, el enviado especial del canal (una de las actuales estrellas informativas) mientras nos contaba todo el desastre dejado por el huracán, nos graficaba con su propia humanidad lo terrible que puede ser encontrarse en una situación de tal naturaleza.

¿Qué hay de malo eso? me podrán preguntar algunos. La verdad es que nada, respondo de inmediato si alguien se planteó dicha interrogante u otra similar, pero a la hora de analizar detenidamente la manera en como se informa, este respuesta puede tener algunos matices.

Lo cierto es que si bien un periodista debe utilizar todos los recursos que estén a su alcance para lograr aquella información relevante y traspasarla a las personas de la mejor forma, esto tiene un tope en el sentido estricto de la información. Según mi visión, un periodista no debe transformarse en el protagonista de los hechos, ni mucho menos darle a estos una connotación "sensacionalista" a la hora de entregarlos como información - esto muchas veces con el fin lograr más audiencia -. Un periodista debe ser el intermediario entre los hechos y las personas, y la primera lealtad de un profesional de la comunicación (y también de la información) es con la gente.

Soy estudiante de periodismo y creo que la lealtad está en la rigurosidad, sin cabida para sensacionalismos y egos que hagan que la información quede opacada por el protagonismo de un periodista.

Pienso que el tema de los egos es un problema recurrente entre los periodistas. Cuál más, cuál menos, quiere que su nombre o su rostro sea reconocido por el trabajo que se realiza, eso es muy válido (yo también aspiro a ello), pero de ahí a transformarse en la estrella de la información hay mucho trecho.

Muchas veces, recurriendo a artimañas de "sensacionalismos protagónicos" los periodistas logran, más que impactar con la información, ridiculizarse frente a lo que se hace en las cámaras, por ejemplo. Eso fue lo que me pasó al ver a este enviado especial tirado en la calle y sujeto a un poste luchando para no ser llevado por el viento, mientras su camarógrafo lo enfocaba con un muy buen tiro de cámara y al mismo tiempo -y misteriosamente- se mantenía firme e insoslayable ante las ráfagas, cual bloque de concreto ante el azote de una ola.

No quiero atacar personalmente a este periodista, pero me venía muy al caso como modo de ejemplo. Pero así como él hay muchos otros que en un intento, a veces inocente, por lograr mayor renombre y sintonía, recurren a trucos que al final, frente a ojos más críticos, le sirven solo para hacer reír.

"El que no sea pecador que lance la primera piedra". Espero que en el futuro no me de por protagonizar y hacer de los hechos algo sensacional. Estoy seguro de mantenerme firme en mi convicción, y si de lograr reconocimiento se trata, espero que sea por algo que se llama calidad y no por otra cosa.


No aspiro a otro tipo de periodismo, creo firmemente que es ese periodismo de calidad es el que enseña y el que a la postre deja algo para la discusión seria.